Con suerte terminé mi ensayo para ese día, el impacto que había causado en mi la luz que despedía ahora absorbía todo mi tiempo, en la universidad casi no escuchaba las clases y solo me preocupaba de ver de que forma podía volver a hacer lo mismo que hice esa noche. Ahora tenía más interes en saber que había sucedido conmigo esas horas que estuve inconsciente, entre que me electrocuté y cuando me encontraron. Jessica era la única que podía ayudarme.
Jessica había vuelto muy contenta de su viaje. Me había traido un suéter muy bonito, me gustaban sus colores eran anaranjados, verdes y rojos, yo parecía una fiesta, creo que Jessica me lo había traido por eso, supongo que se cansaba de verme siempre de gris o beige.
La universidad iba bien, teníamos un compañero nuevo que se había cambiado de otra universidad, era algo pedante y siempre hacía comentarios donde comparaba su antigua universidad con esta. Me cargaba escucharlo, si tanto le gustaba su otra universidad ¿por qué no se quedó allá?
Ese día el profesor Guillermo nos encargó hacer un trabajo sobre Foucault, como no tenía muchas ganas de trabajar pedí inmediatamente hacerlo sobre "Crimen y castigo" porque ya lo había leido, pero para mi mala suerte el chico engreído también pidió hacer ese libro, como el trabajo se hacía en duplas tuve que resignarme porque tampoco sabía con quien más trabajar, no queria arrastrar a nadie más conmigo en mi apatía. Resolví que no era mi culpa así que lo dejé pasar.
Salí practicamente corriendo del salón quería ir luego al depa, creo que la noche anterior casi vi chispas otra vez salir de mi y quería probar una nueva teoría, iba pensando en eso cuando me interrumpen...
-Hola- Escucho a esa odiosa voz de palabras arrastradas y soberbias. - Al parecer nos toca trabajar juntos-
Ni siquiera me molesté en hablarle, simplemente lo miré dándole a entender que era mejor que trabajara solo. Luego me dije a mi misma que el no tenía la culpa tampoco, por muy odioso que fuera se merecía algo de respeto.
-Mira, Marcos, no es por ser mala onda ni nada, pero realmente quiero trabajar sola, estoy algo apática y no quiero arrastrar a nadie conmigo- Lo miré con sinceridad para que se diera cuenta de que no mentía. Pero jamás esperé su respuesta...
-Se que estas algo apática, siempre te miro... No pienses mal... Es solo que de alguna manera muy rara, no puedo evitarlo, mis ojos se van solos hacía ti, es como si fuera estática- Se rió, sin embargo en mi despertó curiosidad "estática", dijo... Eso era lo curioso. Sin embargo Marcos no me agradaba aún así que opté por ignorarlo, decirle adios y seguir caminando.
Había caminado sus 4 cuadras ya, iba escuchando Pearl´s Dream, amaba esa canción y la ponía varias veces en el mp3, cantaba el coro cuando una mano me detiene por el hombro, mi reacción fue instantánea. Un sendo mochilazo le llegó en pleno vientre a un Marcos muy sorprendido.
-Oh!! perdóname!! Pensé que querían asaltarme!! Lo siento mucho... - Se que estaba rojisima porque mi cara ardía.
-No te preocupes, fue mi culpa igual, no debería haberte sorprendido así... Aunque déjame decirte que contra cualquier razón es una estretegia muy buena. Dudo que se esperen esa reacción de tu parte- Sonrió francamente, lo que me ayudó a alivianar mi culpa.
-Disculpa que te haya seguido- continuó él- es que pienso que aunque no quieras trabajar con nadie, igual podríamos ayudarnos en nuestros trabajos, quizás cada cual haya visto cosas que el otro no, ya sabes... escotomas... - sonrió de nuevo. Ok, aquí le di una oportunidad, no porque fuera débil, el fue hábil y se lo merecía. Le dije que bien, que me parecía pero que nos comunicaramos por msn o celular porque no me gustaba mucho salir de mi casa. Marcos aceptó las condiciones. Por fin me pude ir a mi depa a investigar.
Las aventuras de Lady Lighting
Lady lighting, es una muchachita de 20 años, estudiante de filosofía y lenguaje. Le gustan los karaokes, bañarse en las noches y caminar descalza. Es algo distraída y a veces siente que el mundo gira más rápido de lo que ella quisiera...
martes, 7 de junio de 2011
viernes, 8 de abril de 2011
El caleidoscopio
Ese día no quise levantarme, Jessica había tenido que viajar por su trabajo. Eso significaba mucho tiempo para mi, no es que me moleste su presencia, es solo que a veces siento que pasa demasiado tiempo conmigo. Insisto, me gusta mi soledad.
No tenía ganas de hacer nada más que estar tirada en la cama viendo tele todo el día, tenía que hacer un diálogo entre Sócrates y Platón, el profe quería que nos inspiraramos en El Fedón, ya ni me acordaba de El Fedón, lo habíamos leído el año pasado, así que para encontrar la inspiración puse música y decidí que ya era la hora de poner a funcionar mi bella lamparita de lava. La puse sobre mi mesita de noche, le había estado haciendo espacio así que con la ayuda de la canción del tetris había ordenado todas las cosas que tenía allí en mi estante. La prendí y fue corriendo a apagar la luz, se veía realmente bella, inundó mi cuarto con tonalidades anaranjadas, así que me quedé pegada mirando como se movía la lava.
Llevaba varios minutos tirada en la cama mirando nada, estaba en el entre sueño, una pereza casi extásica me envolvió. Me entregué a ella. Varias imagenes comenzaron a vagar por mi mente, la universidad, algunos compañeros, Jessica... De pronto vi a una chica, no lograba identificar sus facciones, pero la conocía, sus ojos eran plateados, brillantes, como si algo líquido saliera de ellos. Era perturbadoramente familiar. Estaba suspendida en el aire y algo brillaba bajo sus pies... Como... como un reflejo de si misma... Desperté sobresaltada, mi lámpara de lava seguía lanzando destellos anaranjados, Templo de luna de Saiyar había vuelto a reproducirse... lo que significaba que habia pasado una hora... Estaba algo desorientada, suena mi celular, era mi abuela, para preguntarme como estaba, me cuenta que había soñado conmigo... que yo era un ángel blanco y volada... hablamos un rato y nos despedimos, extrañaba a mi abuela.
Decidí ponerme a hacer mi diálogo, estaba cansada y definitivamente poco inspirada, pero era para el lunes y tenía que intentarlo. Prendi mi lámpara de noche para no quitarle protagonismo a mi lámpara de lava, me tiré sobre la cama y me dispuse a escribir, el word tardó un siglo en abrir, no sabía ni siquiera que título ponerle y el profe pondría nota por creatividad también ¿Es que acaso los profesores no se darán cuenta de lo aburridos y poco interesantes que son sus tareas? Amo la filosofía, pero no me gusta que me obliguen a pensar en determinados temas, me gusta que surjan, además ¿por que se le ocurrió hacer un diálogo justamente con Platón si justamente fue allí donde Platón no estuvo? Vi la luz. ¡Bingo! Sócrates esperaba su muerte y su querido Platón no estaba allí... que mejor que eso para terminar con una especie de final feliz relativamente conmovedor... inteligibilidad pura... me centraría en la reminiscencia y resaltaría la perenne alma de Sócrates y su permanencia a través de las palabras de Platón. Bien, ya tenía listo mi diálogo, me sentía más relajada.
Ahora solo tenía que avanzar unas cuantas hojas y dejaría las últimas para mañana. Suena el teléfono, era Jessica, me contaba que el hotel era precioso, no había tenido mucho tiempo para caminar por la ciudad, pero que la vista era espectacular, la colección que iban a traer era de Monet, me contaba que sería una gran oportunidad para el museo exhibirla.
Escribí 6 hojas, me quedaban 4, las dejé para mañana, estaba cansada y quería relajarme un dato, puse Hidden Sky en el reproductor y me dispuse a bailar un rato para soltarme. Siempre he amado bailar el ritmo del mundo.
Puse el reproductor para que tocara solo Hidden Sky, cerré mis ojos, comencé más que nada a soltar mi cabeza, luego mis brazos, moviendo mi tronco, es lo que más me gusta de la música, me invade, me moviliza, me... genera... giré y giré y quedé tendida en mi cama, riendo, no sabía de que pero esa alegría extraña me invadía y yo reía...
Volví a pararme y a seguir girando, rodando, saltando, apagué la lámparita de noche, mi lámpara de lava era toda la luz que necesitaba... y la mia... Una voz detuvo mi baile, no supe de donde venía, caí al suelo enredada con mi bajada de cama, algo asustada, había escuchado claramente "y la mia" ¿Qué era? ¿Por qué había dicho eso? Me levanté, miré a mi alrededor, miré la lava de la lámpara, Hidden Sky seguía escuchandose a lo lejos, como en otro lugar, me hice consciente de la música nuevamente, mi mente viajaba otra vez, simplemente me dejé elevar, la voz se hizo presente nuevamente, esta vez no intenté huir. Mi lámpara de lava empezó a hervir.
Sentí la sensación más marvillosa de mi vida, mi cuerpo no pesaba, mis manos ardían, pero era un calor extrañamente reconfortante, las miré, resplandecían, en un gesto intuitivo las dirigí hacía mi lámpara. Fue hermoso, ver miles de colores... Mis manos y mi lámpara de lava eran el perfecto caleidoscopio.
No tenía ganas de hacer nada más que estar tirada en la cama viendo tele todo el día, tenía que hacer un diálogo entre Sócrates y Platón, el profe quería que nos inspiraramos en El Fedón, ya ni me acordaba de El Fedón, lo habíamos leído el año pasado, así que para encontrar la inspiración puse música y decidí que ya era la hora de poner a funcionar mi bella lamparita de lava. La puse sobre mi mesita de noche, le había estado haciendo espacio así que con la ayuda de la canción del tetris había ordenado todas las cosas que tenía allí en mi estante. La prendí y fue corriendo a apagar la luz, se veía realmente bella, inundó mi cuarto con tonalidades anaranjadas, así que me quedé pegada mirando como se movía la lava.
Llevaba varios minutos tirada en la cama mirando nada, estaba en el entre sueño, una pereza casi extásica me envolvió. Me entregué a ella. Varias imagenes comenzaron a vagar por mi mente, la universidad, algunos compañeros, Jessica... De pronto vi a una chica, no lograba identificar sus facciones, pero la conocía, sus ojos eran plateados, brillantes, como si algo líquido saliera de ellos. Era perturbadoramente familiar. Estaba suspendida en el aire y algo brillaba bajo sus pies... Como... como un reflejo de si misma... Desperté sobresaltada, mi lámpara de lava seguía lanzando destellos anaranjados, Templo de luna de Saiyar había vuelto a reproducirse... lo que significaba que habia pasado una hora... Estaba algo desorientada, suena mi celular, era mi abuela, para preguntarme como estaba, me cuenta que había soñado conmigo... que yo era un ángel blanco y volada... hablamos un rato y nos despedimos, extrañaba a mi abuela.
Decidí ponerme a hacer mi diálogo, estaba cansada y definitivamente poco inspirada, pero era para el lunes y tenía que intentarlo. Prendi mi lámpara de noche para no quitarle protagonismo a mi lámpara de lava, me tiré sobre la cama y me dispuse a escribir, el word tardó un siglo en abrir, no sabía ni siquiera que título ponerle y el profe pondría nota por creatividad también ¿Es que acaso los profesores no se darán cuenta de lo aburridos y poco interesantes que son sus tareas? Amo la filosofía, pero no me gusta que me obliguen a pensar en determinados temas, me gusta que surjan, además ¿por que se le ocurrió hacer un diálogo justamente con Platón si justamente fue allí donde Platón no estuvo? Vi la luz. ¡Bingo! Sócrates esperaba su muerte y su querido Platón no estaba allí... que mejor que eso para terminar con una especie de final feliz relativamente conmovedor... inteligibilidad pura... me centraría en la reminiscencia y resaltaría la perenne alma de Sócrates y su permanencia a través de las palabras de Platón. Bien, ya tenía listo mi diálogo, me sentía más relajada.
Ahora solo tenía que avanzar unas cuantas hojas y dejaría las últimas para mañana. Suena el teléfono, era Jessica, me contaba que el hotel era precioso, no había tenido mucho tiempo para caminar por la ciudad, pero que la vista era espectacular, la colección que iban a traer era de Monet, me contaba que sería una gran oportunidad para el museo exhibirla.
Escribí 6 hojas, me quedaban 4, las dejé para mañana, estaba cansada y quería relajarme un dato, puse Hidden Sky en el reproductor y me dispuse a bailar un rato para soltarme. Siempre he amado bailar el ritmo del mundo.
Puse el reproductor para que tocara solo Hidden Sky, cerré mis ojos, comencé más que nada a soltar mi cabeza, luego mis brazos, moviendo mi tronco, es lo que más me gusta de la música, me invade, me moviliza, me... genera... giré y giré y quedé tendida en mi cama, riendo, no sabía de que pero esa alegría extraña me invadía y yo reía...
Volví a pararme y a seguir girando, rodando, saltando, apagué la lámparita de noche, mi lámpara de lava era toda la luz que necesitaba... y la mia... Una voz detuvo mi baile, no supe de donde venía, caí al suelo enredada con mi bajada de cama, algo asustada, había escuchado claramente "y la mia" ¿Qué era? ¿Por qué había dicho eso? Me levanté, miré a mi alrededor, miré la lava de la lámpara, Hidden Sky seguía escuchandose a lo lejos, como en otro lugar, me hice consciente de la música nuevamente, mi mente viajaba otra vez, simplemente me dejé elevar, la voz se hizo presente nuevamente, esta vez no intenté huir. Mi lámpara de lava empezó a hervir.
Sentí la sensación más marvillosa de mi vida, mi cuerpo no pesaba, mis manos ardían, pero era un calor extrañamente reconfortante, las miré, resplandecían, en un gesto intuitivo las dirigí hacía mi lámpara. Fue hermoso, ver miles de colores... Mis manos y mi lámpara de lava eran el perfecto caleidoscopio.
miércoles, 6 de abril de 2011
Conociendo a Jessica
Llevaba varios días sintiéndome muy bien, Jessica prácticamente vivía en mi depa, no me molestaba, pero a veces necesitaba mi soledad. Con ella al menos tenía 2 de mis 3 comidas al día… Y eran mis únicas comidas, en la mañana jamás alcancé a desayunar, claro que eso ella no lo sabía.
Llovía así que aproveché de usar mi súper paraguas transparente que le había comprado a mi vecina loca en una “venta de piso”, la llamó así porque no teníamos garaje, así que obligadamente debió realizarla en el 4to piso. Iba entretenida jugando a no pisar las rayitas del camino cuando la vi, era una lámpara de lava, desde que tengo uso de razón he querido una, estaba a $3.500 y era grande, consideré que era una ganga y entré al local a comprarla inmediatamente. El vendedor, era un joven bastante torpe, pero al menos envolvió lindamente mi nueva adquisición solo temí que la dejara caer… Era la última que quedaba, la del mostrador.
Salí nuevamente a la calle y llovía, según lo que a mí me pareció, más torrencialmente que antes de que entrara al negocio, lo más probable es que dios estuviera ensayando para el segundo diluvio, o al menos eso diría mi abuelita ya que, según ella, todos éramos unos malditos herejes que debíamos arder en el infierno. En este caso, en un mojado infierno de agua. Me faltaban 3 cuadras para llegar a mi sequito depa donde, estaba segura, me estaría esperando una llamada de citófono desde el depa de Jessica para una reponedora sopita caliente así que apresuré el paso.
Llevaba mi linda lámpara en doble bolsa para que no se mojara, subí rápidamente las escaleras, ya que no me gustaba usar el ascensor, siempre he pensado que sería terriblemente claustrofóbico quedar atrapada en un ascensor, prefería la libertad de las escaleras, además aprovechaba de hacer algo de ejercicio ya que la pereza vital no me dejaba hacer nada más. Llegué a mi departamento, estaba tibiecito y acogedor, me puse las zapatillas de descanso y me dispuse a abrir mi lámpara cuando sonó el teléfono. Era Jessica, mi sopita ya estaba servida.
Bajé corriendo al segundo piso, y golpee en el 206, un aroma a verduras varias y calidez me llegó de adentro cuando una sonriente Jessica apareció en la puerta, le sonreí a mi vez, ampliamente y pasé, ahí me estaba esperando mi polerón de polar, regalo de ella, ayer se me había quedado ahí así que me lo puse.
- ¿Cómo te fue hoy? – Siempre me hacía la misma pregunta, y siempre con la misma intensidad, me hacía sentir que de verdad le importaba como había estado mi día, y yo me explayaba, pero casi nunca recibía mucha información de ella.
- Pues… hoy el profe Julio nos habló sobre dios – fue una respuesta automática, me había quedado pensando en dios, luego con el diluvio volvió a aparecer, para mi, como para Jessica dios era algo muy raro…
- Y ¿qué te llamó la atención? – segunda pregunta de las “fantásticas preguntas de Jessica”, era como si “siempre” supiera qué preguntarme o cómo preguntármelo, era difícil no decirle realmente lo que pensaba.
- Hmmm, creo que me llamó la atención una de las concepciones más paganas de dios, que es como una “energía”, me agrada ese concepto para lo que supuestamente es una entidad superior a nosotros, supongo que para las personas creyentes debe ser una aberración pensar en dios como “simple energía”, pero creo que eso se debe a que las personas no saben el poder de la energía… - Iba a pensar algo más, pero Jessica me detuvo, me dio la impresión de que ella sabía algo que yo ignoraba completamente en ese momento, algo, que con el tiempo sabría perfectamente.
- ¿Vamos a comer? – su sonrisa franca me derritió y la seguí a la mesa.
Hablamos del todo y la nada y de las noticias y del clima raro, y del frío, Jessica odiaba el frío, decía que el calor era mil veces mejor, porque te dejaba andar casi desnuda y ella amaba la desnudez. Creo que se me olvidó contarles a que se dedica ella. Jessica es pintora amateur, tiene unos cuadros bellísimos pero jamás ha hecho una exposición, teme que le digan que no sabe pintar y dice que eso la hará perder su don. Se dedica a pintar personas, tiene muchas fotografías de personas, en varias actividades, sin embargo hay un cuadro que aun no me ha querido dejar ver, dice que empezó a pintarlo la noche que nos conocimos, que me lo mostrará cuando sea el momento preciso. Creo que eso es lo que más me gusta de ella, su mística, su semblante, jamás se lo que está pensando, sin embargo es transparente como el cristal. Es difícil que Jessica logra ocultarme alguna de sus emociones, bueno, eso fue lo que me hizo hablarle.
Al final supe su edad, Jessica tiene 31 años, trabaja en el museo de bellas artes y en verano hace de guía turístico porque tiene un inglés increíblemente fluido. El día que lloraba fue porque había estado en el hospital haciendo su visita semanal, hacía unos días atrás, ella enseña pintura a los niñitos con cáncer terminal y uno de los chiquitos había muerto esa semana, esa noticia la había choqueado y luego de eso no había podido terminar el cuadro que había comenzado, era sobre la magia de los niños, y la razón de que Jessica ahora pasara todos los días conmigo, era, en parte, porque luego de esa noche había vuelto a pintar. Supongo que me convertí en una especie de musa para ella. Pero ella seguía sin querer contarme que fue lo que me pasó ese día y porque ella había gritado tanto. Porque su grito lo tengo grabado en la memoria.
martes, 5 de abril de 2011
Te cuento...?
Se que muchos serán capaces de responder que pasa si la electricidad toca el agua. Pero ¿Que pasa si la electricidad toca el agua estando tu dentro de ella? Está bien, "te electrocutas" dirán la mayoría o quizás adquieras poderes mágicos como Mel Gibson en "lo que ellas quieren" Pero no... Eso no pasa... ni tampoco pasa lo que me pasó a mi.
Eran las 18.30, había tenido un día agotador y tenía que ir a hacer un informe sobre Nietzche. Sentía que al día aún le quedaban demasiadas horas. En clases habíamos estado hablando de la Resiliencia, había querido preguntarle al profesor si el hecho de que el cuerpo fuera capaz de curarse por si mismo no era una forma de resiliencia, eso me habia llevado a preguntarme a mi misma si entonces en la mente no tendríamos anticuerpos mentales espirituales que también se encargan de hacernos sanar. Mientras pensaba todo esto, tiraba distraídamente mi ropa interior dentro de la lavadora, seguía pensando que era una buena idea la de los anticuerpos mentales.
Había una señora más allá llorando, era joven, supongo que sus anticuerpos mentales aun no se ponían en funcionamiento. Decidí acercarme a ella cuando una de las lavadoras hizo un ruido rarísimo y derramó toda el agua, era un arcoiris húmedo de vistosos colores, estaba segura que era la ropa de mi vecina loca del departamento de arriba, es aficionada a usar los colores más chillones que puedan haber, como si el negro o el beige fueran una sacrilegio. Seguí mi camino hasta la señora joven, no tendría más de 35 años.
-Hola ¿se siente bien?- Le pregunté con una sonrisa, ella habia dejado de llorar cuando el escándolo de la lavadora se había hecho presente, y miraba toda la multicolor agua regada en el suelo blanco.
-¿Cómo..?- me preguntó distraídamente- ah... No, no te preocupes- apareció una triste sonrisa en su cara, algo que me dijo que sus anticuerpos al parecer seguían ocupados o se habían distraído con el caos de la lavadora multicolor - ¿Sabes de quien es esa carga? - me preguntó - creo que deberíamos avisar.
- Es de mi vecina de arriba, la niña del 404- le respondí - solo ella puede hacer que una lavadora se pinte de tantos colores respondí, ella está vez sonrió francamente. - siempre hace lo mismo, deja la ropa aquí y se va, estas lavadoras son "algo" viejas, hay que cuidar hasta que termine el ciclo-
-Creo que iré a avisarle ¿Puedes quedarte aquí cuidando de que no pase nada más? - me preguntó profundamente preocupada, asentí con la cabeza y le sonreí, al menos la lavadora la había sacado de los pensamientos torturadores.
La señora dejó la lavandería y yo me senté lejos del agua, hasta que mi lavadora terminó de enjuagar y se disponía a centrifugar, me gustaba el movimiento acompasado de la centrífuga, cuando este se vió interrumpido por un sonido rarísimo y la lavadora al lado de la mia comenzó a echar humo, asustada fui a rescatar mi ropa por si estallaba o algo y me quedaba sin ropa interior para el resto de la vida. En mi apuro no esquivé el agua coloreada, y cuando siento que mi pie chapotea ya no pude hacer nada más, una fuerza poderosisima y extraña atrapó mi cuerpo, me obligó a mantenerme rígida, la boca se me inmovilizó y me costaba muchisimo respirar, mis brazos se levantaban solos y mis piernas querían saltar y a la vez quedar pegadas al suelo. Me dolía.
Todo comenzó a girar trataba de mirar a mi alrededor para pedir ayuda, sentía la corriente pasar por mi cuerpo como si fuera un cable de televisión, o una antena, vibraba dentro de mi cruelmente. Comencé a retorcerme, me estaba electrocutando y nadie lo sabía, nadie me veía, pensé que iba a morir, hasta que mis manos empezaron a dar destellos blancos amarillentos, resplandecían, el flujo de electricidad comenzó a concentrarse en ellas, ya no me ardía la cara, el calor de mi cabeza comenzó a disminuir. mis piernas se sentían más fuertes y las volvía a sentir mias, mis manos seguian destellando y se iban calentando cada vez más, podía sentirlo y verlo, pero no me ardían ni me dolían. No se porqué, pero decidí concentrarme en ellas, miré mis palmas y destelleaban con un bonito color electrico, semi azuloso. Cuando por fin logré controlar el flujo eléctrico escucho un grito ensordecedor... Las luces de la lavandería se habían apagado, sin embargo yo seguía viendo el lugar iluminado, porque la luz en ese momento, era yo.
Desde ese momento no recuerdo muy bien que había ocurrido, solo se que perdí la consciencia cuando entró Jessica, la señora, a la lavandería, me vió electrocutándome y grito pidiendo ayuda. Llamaron a la ambulancia y yo desperté en mi departamento, aparentemente estuve incosciente 2 días, Jessica me cuidaba, no quise que le avisaran a mis padres, afortunadamente ese día no pudieron llamarlos porque yo no llevaba ningún teléfono de emergencia y mi celular se había quedado en mi dormitorio. No me encontraron nada malo excepto una ligera fiebre que cuando llegué al hospital ya había bajado.
Cuando desperté Jesicca me contó que la descarga que recibí fue enorme, dejé sin luz a media cuadra, incluído todo nuestro edificio. Ella estaba contenta de verme mejor, con el tiempo Jessica y yo nos haríamos muy unidas. Por ahora quiero contarles todo lo que me ha ido pasando despues de mi fátidico intento de salvar mi ropa interior. Pero quedense tranquilos, luego de mi performance con la corriente eléctrica, no fue necesario centrifugar mis tanguitas. Se habían secado solas.
Eran las 18.30, había tenido un día agotador y tenía que ir a hacer un informe sobre Nietzche. Sentía que al día aún le quedaban demasiadas horas. En clases habíamos estado hablando de la Resiliencia, había querido preguntarle al profesor si el hecho de que el cuerpo fuera capaz de curarse por si mismo no era una forma de resiliencia, eso me habia llevado a preguntarme a mi misma si entonces en la mente no tendríamos anticuerpos mentales espirituales que también se encargan de hacernos sanar. Mientras pensaba todo esto, tiraba distraídamente mi ropa interior dentro de la lavadora, seguía pensando que era una buena idea la de los anticuerpos mentales.
Había una señora más allá llorando, era joven, supongo que sus anticuerpos mentales aun no se ponían en funcionamiento. Decidí acercarme a ella cuando una de las lavadoras hizo un ruido rarísimo y derramó toda el agua, era un arcoiris húmedo de vistosos colores, estaba segura que era la ropa de mi vecina loca del departamento de arriba, es aficionada a usar los colores más chillones que puedan haber, como si el negro o el beige fueran una sacrilegio. Seguí mi camino hasta la señora joven, no tendría más de 35 años.
-Hola ¿se siente bien?- Le pregunté con una sonrisa, ella habia dejado de llorar cuando el escándolo de la lavadora se había hecho presente, y miraba toda la multicolor agua regada en el suelo blanco.
-¿Cómo..?- me preguntó distraídamente- ah... No, no te preocupes- apareció una triste sonrisa en su cara, algo que me dijo que sus anticuerpos al parecer seguían ocupados o se habían distraído con el caos de la lavadora multicolor - ¿Sabes de quien es esa carga? - me preguntó - creo que deberíamos avisar.
- Es de mi vecina de arriba, la niña del 404- le respondí - solo ella puede hacer que una lavadora se pinte de tantos colores respondí, ella está vez sonrió francamente. - siempre hace lo mismo, deja la ropa aquí y se va, estas lavadoras son "algo" viejas, hay que cuidar hasta que termine el ciclo-
-Creo que iré a avisarle ¿Puedes quedarte aquí cuidando de que no pase nada más? - me preguntó profundamente preocupada, asentí con la cabeza y le sonreí, al menos la lavadora la había sacado de los pensamientos torturadores.
La señora dejó la lavandería y yo me senté lejos del agua, hasta que mi lavadora terminó de enjuagar y se disponía a centrifugar, me gustaba el movimiento acompasado de la centrífuga, cuando este se vió interrumpido por un sonido rarísimo y la lavadora al lado de la mia comenzó a echar humo, asustada fui a rescatar mi ropa por si estallaba o algo y me quedaba sin ropa interior para el resto de la vida. En mi apuro no esquivé el agua coloreada, y cuando siento que mi pie chapotea ya no pude hacer nada más, una fuerza poderosisima y extraña atrapó mi cuerpo, me obligó a mantenerme rígida, la boca se me inmovilizó y me costaba muchisimo respirar, mis brazos se levantaban solos y mis piernas querían saltar y a la vez quedar pegadas al suelo. Me dolía.
Todo comenzó a girar trataba de mirar a mi alrededor para pedir ayuda, sentía la corriente pasar por mi cuerpo como si fuera un cable de televisión, o una antena, vibraba dentro de mi cruelmente. Comencé a retorcerme, me estaba electrocutando y nadie lo sabía, nadie me veía, pensé que iba a morir, hasta que mis manos empezaron a dar destellos blancos amarillentos, resplandecían, el flujo de electricidad comenzó a concentrarse en ellas, ya no me ardía la cara, el calor de mi cabeza comenzó a disminuir. mis piernas se sentían más fuertes y las volvía a sentir mias, mis manos seguian destellando y se iban calentando cada vez más, podía sentirlo y verlo, pero no me ardían ni me dolían. No se porqué, pero decidí concentrarme en ellas, miré mis palmas y destelleaban con un bonito color electrico, semi azuloso. Cuando por fin logré controlar el flujo eléctrico escucho un grito ensordecedor... Las luces de la lavandería se habían apagado, sin embargo yo seguía viendo el lugar iluminado, porque la luz en ese momento, era yo.
Desde ese momento no recuerdo muy bien que había ocurrido, solo se que perdí la consciencia cuando entró Jessica, la señora, a la lavandería, me vió electrocutándome y grito pidiendo ayuda. Llamaron a la ambulancia y yo desperté en mi departamento, aparentemente estuve incosciente 2 días, Jessica me cuidaba, no quise que le avisaran a mis padres, afortunadamente ese día no pudieron llamarlos porque yo no llevaba ningún teléfono de emergencia y mi celular se había quedado en mi dormitorio. No me encontraron nada malo excepto una ligera fiebre que cuando llegué al hospital ya había bajado.
Cuando desperté Jesicca me contó que la descarga que recibí fue enorme, dejé sin luz a media cuadra, incluído todo nuestro edificio. Ella estaba contenta de verme mejor, con el tiempo Jessica y yo nos haríamos muy unidas. Por ahora quiero contarles todo lo que me ha ido pasando despues de mi fátidico intento de salvar mi ropa interior. Pero quedense tranquilos, luego de mi performance con la corriente eléctrica, no fue necesario centrifugar mis tanguitas. Se habían secado solas.
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